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Entrevista
Erick González, director de Australab
Del 11 al 16 de octubre se desarrolla la 18 edición del Festival Internacional de Cine de Valdivia (FicValdivia), certamen que por tercera ocasión acoge en su marco la realización de la plataforma industrial Australab. Divida en dos módulos -Austral Industry Meetings, organizado en conjunto con ACE-Ateliers de Cinéma Européen, y Cine sin fronteras, una articulación con los Rencontres de Cinémas d'Amerique Latine de Toulouse, CICAE y Europa Distribution-, se propone como un espacio para el fomento, la formación, el encuentro, el intercambio y la reflexión entre los diferentes actores del audiovisual latinoamericano y la industria internacional independiente, abarcando la estructura de la cadena cinematográfica: desarrollo, producción, distribución, exhibición y difusión. Hablamos con Erick González, director de Australab. Por Cynthia García Calvo.

Este año se celebra la 18 edición de FicValdivia y la tercera edición de Australab. Como todo festival que ya tiene una considerable historia a sus espaldas fue transformándose desde su creación. ¿Cómo se define el perfil del certamen hoy en día?

El festival ha dado hace unos años un vuelco programático, definiendo una línea editorial independiente. Ahora, hablar de cine independiente no sólo es ambiguo y reductor, sino que, en rigor al menos, un poco falso. Habría que redefinir qué es cine independiente, pero como esto es una entrevista y no un estudio al respecto, digamos sólo que la mayoría del cine que el medio entiende hoy como independiente, en realidad depende mayormente de instituciones del Estado (lo que supone una problemática propia), y en alguna medida, también del mercado. No estoy diciendo nada original, lo sé, pero era pertinente comenzar por ahí. Hablar de cine independiente es como hablar de una sensación…Se habla desde un término que no tiene bordes muy definidos. Entonces apoyamos un cine que se arriesga formal-temáticamente, que se arriesga a secas, debiese decir, que quiere repensarse a sí mismo, pero que también busca dialogar con todo “lo demás”, con otras expresiones estéticas, con la política, con le geografía, con el pensamiento científico, con los fenómenos sociales, con la contingencia, con la historia…Este año en particular, nos pusimos más políticos. El Australab trabaja también con esta línea editorial pero además agrega otro factor: el del cuestionamiento de aquello que hoy día hemos dado por llamar, también erróneamente, industria. Ahora, también decimos a menudo escuchar en vez de oír, pero a veces hay que revisitar ciertos conceptos para no olvidarse que el uso que se les da es meramente simbólico.

¿Cuáles son los puntos sobresalientes de esta edición de Australab?

En la edición pasada del taller Cine sin fronteras -uno de los módulos del Australab-, se reunió a un grupo de distribuidores latinoamericanos con la intención de generar lazos profesionales entre ellos. La experiencia funcionó y entre esa edición y la actual, desarrollamos un trabajo que dio como resultado la creación de una red de distribuidores latinoamericanos que hará adquisiciones conjuntas de películas, para distribuirlas en distintos países de América Latina, por el momento, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Uruguay. La idea es seguir extendiendo esta red en cada edición de Cine son fronteras. La experiencia es única y apunta a resolver dos viejos problema: que el cine de América Latina sea visto dentro del continente, y que el cine más independiente que viene de otras regiones, pueda llegar a nuestras salas. Por otro lado, está Austral Industry Meetings, el módulo de coproducción. Este año volvemos a tener una muy buena calidad en la selección de proyectos, y estamos apostando a un desarrollo de este módulo generando una alianza con nuevos colaboradores en América Latina y Europa. Por el momento es un proyecto, pero muy pronto podremos entregar más noticias al respecto. Se puede adelantar que el Austral Industry Meetings se combinaría con otra plataforma para convertiste en algo más que sólo un encuentro de coproducción.

¿Qué representa para una película en desarrollo o posproducción la participación en el Foro de Coproducción o el Work in Progress del Australab?

Principalmente representa la oportunidad de encontrar un socio, de encontrar alguna compañía que se interese en el proyecto y que quiera intervenir a favor de ese proyecto. Puede ser un coproductor, un agente de venta, o una institución que apoye el cine independiente. El Foro de Coproducción y el Work in Progress más que instancias de financiamiento en sí, son instancias donde se encuentran a los potenciales socios que pueden aportar financiamiento. También es un laboratorio. Lo que hacemos en el Australab Valdivia se asemeja a lo que se hace en otras plataformas profesionales del resto del mundo, por lo tanto, es un laboratorio de trabajo para quienes quieran saber cómo funciona ese circuito.

En Australab se realiza una de las dos sesiones anuales de Cine sin fronteras, que consiste en talleres para profesionales relacionados con las áreas de exhibición y distribución. Teniendo en cuenta la experiencia de ediciones previas, ¿cuál es la principal carencia del sector?

Todo el mundo hoy en día habla de una evidencia: el problema no está en la producción, sino en la distribución. Las películas se hacen pero no se ven. Pero que el problema no sea la producción y sí la distribución, es una verdad que implica otras verdades, y si estas no son tomadas en cuenta, entonces se miente. Y es que cuando se dice: “el problema es la distribución”, se está diciendo “es ahí donde ahora hay que desarrollar nuevas estrategias y es ahí donde hay que utilizar los recursos”. Pero la solución no pasa sólo por generar nuevas maneras de distribuir, se trata también de formar, de generar, descubrir o sensibilizar a un cierto tipo de público: un público que en el presente, pero sobre todo en el futuro, esté dispuesto a dejar de lado por un rato el mouse, uno que esté dispuesto a detenerse a ver una película. Formar público, descubrir público. Se trata también de cuestionar si lo que estamos haciendo en materia de distribución tiene un norte o es sólo emprendimiento, yo dudo mucho del emprendimiento porque se sitúa a sí mismo como la finalidad: el emprendedor está más preocupado de ser emprendedor que de reflexionar sobre dónde lo lleva su emprendimiento. Doy un ejemplo: ¿cuánto sentido tiene desarrollar tecnologías para que las películas sean vistas en celulares o en cualquier sistema portátil? Digamos que alguien opine que tiene mucho sentido y asumamos que le damos la razón a aquel que piensa que el futuro del cine está en una pantalla de 15 pulgadas o menos. Entonces la siguiente pregunta es: ¿Y entonces para qué estamos al mismo tiempo desarrollando tecnologías de alta definición pensadas a largo plazo? ¿Para que el HD, las cámaras de alta definición, el 2K, el 4K, el DCP? O antes de hacerse esa pregunta, imaginemos qué pensarían los cineastas de todo el mundo si cayeran en la cuenta de que hay quienes abogan por que el cine que ellos hacen debe ser, no accesoriamente sino que por principio, material para pantallas portátiles. Cada uno puede tener la opinión que estime conveniente sobre en dónde está el futuro de un algo cualquiera, pero distinto es estar trabajando en base a una contradicción: Filmemos en alta resolución pero distribuyamos en pantallitas en miniatura. La principal carencia del sector es la falta de reflexión.

Australab se realiza en asociación con diferentes instituciones europeas. ¿Cómo analizas la relación actual entre el cine latinoamericano y europeo?

Si digo la verdad perderé algunas alianzas (risas). Por el momento diría que en América Latina nos hace falta encargarnos de nuestros problemas y dejar de ser tan “eurocentristas”. Yo quisiera que también empezáramos a ver qué pasa con aquello que está “en otros sitios”. Somos periféricos, y eso es lo que probablemente nos hace mirar el centro, a Europa en gran medida, pero pienso que es importante conectar con las otras periferias porque hay mucha materia ahí.
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