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Entrevista
Matías Bize, director de “La vida de los peces”
Desde hace casi un año, el director chileno Matías Bize recorre el mundo acompañando a su más reciente película, “La vida de los peces”, una historia que vuelve sobre el tema que caracteriza a su obra: las relaciones de pareja. Este film sobre un hombre que en su regreso a Chile se reencuentra con su ex y ese pasado que busca cerrar, tuvo su presentación al mundo en la Mostra de Venecia de 2010 y este año recogió el españolísimo premio Goya de Mejor Película Extranjera de Habla Hispana. Con todo ese bagaje llegó a Florianópolis Audiovisual Mercosul (FAM) en calidad de invitado especial, convirtiéndose en uno de los títulos más comentados de la edición.

Sentado en un sofá de unos de los tantos hoteles del mundo que ha visitado –y seguirá visitando- para acompañar el camino internacional de la película, Bize dialogó con LatAm Cinema, haciendo repaso de una carrera que ya alcanza los cuatro títulos: “Sábado”, un plano secuencia hecho con la inconciencia y libertad de un estudiante de cine; “En la cama”, la historia que discurre entre las cuatro paredes de la habitación de un motel, donde un hombre y una mujer convierten un encuentro de sexo casual en una profunda relación; “Lo bueno de llorar”, el fin de una pareja en las calles de Barcelona, y “La vida de los peces”.

Por Cynthia García Calvo.


En Florianópolis presentaste “La vida de los peces”, película ganadora del Goya que ya se ha visto internacionalmente. ¿Cómo analizas el largo camino que está recorriendo la película y su repercusión?

La película arrancó en el Festival de Venecia en septiembre. Y ha andado increíble. Ya van como 50 festivales y yo estoy viajando mucho con la peli porque me gusta también darle como el tiempo a esa parte. Siento que es importante, y aprovecho también para ganar tiempo de tener alguna idea. Me acostumbré desde “En la cama” a trabajar así. Necesito tener una idea súper personal, súper cercana, y esas ideas no salen fácilmente o al menos a mí no me salen así. Requieren un tiempo de trabajo y para mí este tiempo es fundamental. Y es buenísimo todo lo que está pasando. Además se está estrenando comercialmente, sigue en cartelera en España, en Holanda lleva dos meses, en varios países de Europa del Este también se está estrenando. Lo del Goya fue un resurgimiento de toda la carrera de festivales y también comercial. Así que ha sido un regalo. Los premios ayudan muchísimo a la carrera de la película, a mí carrera como director, y estoy muy agradecido. Pero lo más lindo es cómo la gente se conmueve con la película.

Podríamos decir que la característica de tu cine es su parte emocional, que hace que las historias sean universales…

Sí. Yo intento que sean universales. “En la cama” es la historia de dos conocidos que van a un motel. Podría ser una historia muy chilena pero finalmente termina siendo una historia universal. Todos hemos tenido un encuentro sexual que luego termina siendo como una historia de amor. Y “La vida de los peces” también. Todos quienes hayamos tenido una relación de pareja hemos tenido un reencuentro. Hay una identificación. A mí me interesa que la película trascienda la pantalla, y que sea algo que pueda entender y emocionar a personas de distintos lugares.

¿Cuándo comienzas a desarrollar una historia tienes en cuenta estos puntos que mencionas?
Yo siento que es mucho más personal. Intento ser yo el espectador. Yo soy el único espectador hasta que está terminada la película. A mí me tiene que emocionar. Yo me tengo que conmover. Después de cada día de rodaje me tengo que quedar tranquilo conmigo mismo, con lo que hice. Y así trabajo. Siento que si me gusta, le va a gustar a otros. Trabajo a un nivel personal y eso hace que sean historias universales. A veces uno ve películas que son pensadas para mucho público, pero yo no podría hacer eso. Nunca hice focus group de mis películas. Se la muestro a tres, cuatro amigos, que me pueden ayudar con el corte final. Pero nunca he intentado hacer una película que a todos les guste. Y seguramente hay gente a la que no les gustan mis películas, que no se conmueven, no entran…también es parte de eso.

En el marco de este festival participaste de un debate sobre la imagen que proyecta el cine latinoamericano, y comentaste que en el exterior te suelen decir que tu película no es latinoamericana porque no hay visiblemente un contexto político o social. ¿Te sientes parte de una nueva generación de directores chilenos cuyas historias tienen una propuesta diferente?

Puede ser. Una nueva generación de directores chilenos que están hablando de un cine mucho más personal, pero también muy distinto. No siento que haya una característica del cine chileno, que hablen de los mismos temas. Puedes ver una película de horror, y ves a un director hablando de su mundo. O alguien que hace una comedia romántica, y es él. Hay quizá hay una generación de directores de cine en Chile salidos de escuelas de cine, salidos de universidades, que estamos haciendo más allá de una película. Siento que lo importante para un director es tener una carrera, más que tener una película que funcionó bien en taquilla o ganó tal premio en un festival. Yo siento que con cada película aprendo el doble de lo que sabía. Y me siento también como un estudiante de cine. Siento la misma energía y la misma adrenalina que cuando estaba en la escuela de cine, por esto de filmar una película que no tengo idea cómo va a funcionar. Me gusta descubrir la película. Creo que la descubro en el proceso. Sé en la dirección en que va, pero la película es también la que va decidiendo y se va descubriendo. Sé lo que quiero pero por otro lado está la libertad a descubrir cosas que puedan suceder en el rodaje.

Dices que tienes el mismo entusiasmo que cuando estudiabas cine. ¿Cómo te ves como director desde aquella inicial “Sábado” hasta “La vida de los peces”?

“Sábado” fue de una inconciencia increíble. Era un plano secuencia con una handycam que duraba 58 minutos, al que le puse unos créditos al principio y al final para tener un largometraje. Había hecho dos tomas y elegí la mejor, aunque sí preparé mucho la película; la ensayé tres meses con los actores. Pero no sabía qué iba a pasar y eso fue muy lindo. Terminó estrenándose en Alemania, en Hungría, Holanda, hizo un recorrido de festivales importante. Y la película funcionaba por esa frescura. Ganó en Mannheim, y me convirtió en director. Yo la hice estando en la escuela de cine, y eso –más allá de terminar la carrera de cine- me convirtió en director, no sólo en Chile sino también afuera. Y ya pude hacer “En la cama”, que fue como que me disparó. Mirándome ahora en ese tiempo, me veo con esa inconciencia, con esa ingenuidad que fue fundamental para convertirme en director. Si lo hubiera pensando más estaría hasta hoy día buscando la toma perfecta. Esa inconciencia del estudiante de cine intento mantenerla hasta ahora. Si me preguntás cómo me veo en el futuro, te digo que me gustaría seguir viéndome así, como un director que está haciendo óperas primas. Intento que cada película que haga sea una ópera prima. Claro que una ópera prima es siempre una película arriesgada, imperfecta pero que tiene un valor que trasciende. No me gustaría ser un director que está cómodo, haciendo lo que le funciona.

Tus películas han obtenido mucha repercusión tanto en tu país como el exterior. Uno pensaría que para ti es un proceso sencillo conseguir la estructura financiera para desarrollar tus proyectos. ¿Es así?

No. Yo siento que es empezar de nuevo con cada película. Cuando hicimos la película, en Chile el fondo era con seudónimo. Y eso está bueno. Entonces nadie puede decir le dieron el fondo porque era él. Eran tres etapas, pasamos, y al final había un pitching. Es empezar de nuevo. Y en los fondos afuera también. En el caso de Arte Francia que participa en la película, entraron porque habían comprado “En la cama” y había funcionado muy bien, entonces con “La vida de los peces” decidieron estar desde el principio.

Mencionas “En la cama”, que fue tan reconocida que hasta tuvo una remake española, “Habitación en Roma”, dirigida por Julio Medem. ¿Qué te pareció?

Para mí es un orgullo porque Medem es un director que admiro mucho, me gusta mucho “Los amantes del círculo polar”, “Lucía y el sexo”, “Tierra”…Y siento que es muy interesante que él haya hecho su visión de la película. Me gustó que no sea la misma película, sino una visión totalmente de él.

Estás viajando constantemente con “La vida de los peces”, ¿tienes tiempo para sentarte a desarrollar una nueva película?

Recién siento que empiezo a tener la energía para volver a trabajar, a tener ideas. Pero no tengo nada todavía. Uno puede decir que es imposible escribir en hoteles, pero sí se puede recolectar muchas cosas, sacar ideas, ver películas y creo que también eso hace que la película sea algo universal. Y un poco empiezo a entender el cine que quiero hacer. Ahora empiezo a tener la energía pero como son proyectos tan personales, toman tiempo de desarrollo. Lo que empiece es algo en lo que me voy a meter en los próximos cinco años, entonces me tiene que gustar realmente.

¿Los proyectos responden siempre al deseo de lo que quieres realizar o tienes en cuenta su viabilidad?

Generalmente se me ocurren películas muy viables. Eso lo aprendí en la escuela de cine. Me decían: ‘para el corto ustedes tienen una lata y dos días de cámara’. La primera película la hice en un plano secuencia, la segunda en una cama, la tercera en Barcelona pero era un recorrido por las calles y la cuarta en una casa. Pienso en películas posibles. En películas realizables. Pero más allá de eso, creo que tiene que ver con una economía dramática. Siento que así me funciona más. Una historia de amor concentrada en una noche siento que es más potente. La historia podría empezar antes, pero la parte más interesante es esa. Quizás arranco las películas después de media hora. “La vida de los peces” empieza cuando el protagonista decide irse de una fiesta. Podría haber empezado antes, con él preparándose en su casa, entra a la fiesta, y ahí arranca el conflicto. Pero me gusta arrancar a los 30 minutos de película. Quizá por eso me quedan tan cortas (risas). Las ideas que se me ocurren tienden a ser viables porque intento sacar todos los elementos accesorios y concentrarme en lo más importante de la historia.
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