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Especial
El cine gaúcho, ese gran desconocido
Anualmente, el Festival de Cinema de Gramado se convierte en un espacio para la integración del cine brasileño y latinoamericano, pero especialmente en plataforma para la difusión y el encuentro del cinema gaúcho, es decir, del cine hecho en Río Grande Do Sul, el estado sureño que contrasta con el Brasil del imaginario popular, donde el campo, el chimarrão y el asado son más típicos que la playa, la caipirinha y la feijoada. Por Cynthia García Calvo.

Gramado reserva para el cine local la competencia de Mostra Gaúcha y exhibe varios cortos locales en la sección Curtas Nacionais, que dan cuenta de la producción de un estado que supo ser el tercer polo cinematográfico del país, luego de São Paulo y Río de Janeiro, pero que perdió tal estatus ante la falta de incentivos gubernamentales.

“Estamos viviendo un momento muy difícil en cuanto a políticas públicas estatales, tuvimos dos gobiernos que no dieron ningún incentivo, no sólo al cine, sino a la cultura en general. Y eso acaba afectando en la producción”, dice Ana Luiza Azevedo, realizadora de “Antes que o mundo acabe” e integrante de la productora A Casa de Cinema, nacida de la alianza de varias empresas del rubro, que decidieron trabajar juntas “para fortalecerse con el trabajo del otro”.

Ante la inacción del gobierno del estado, los proyectos son viabilizados aplicando a los concursos federales que permiten el aporte de capitales privados. “A través de la Ley del Audiovisual, presento mi proyecto a muchas empresas. Ya tengo algunas que conocen mi trabajo y ya han patrocinado tres de mis películas”, explica el director Paulo Nascimento, quien tiene en su haber films como “Em teu Nome” o “Diário de um novo mundo”.

Nascimento encontró también otra vía para realizar sus trabajos: la coproducción. Con la cercanía de Río Grande do Sul con los países vecinos del sur, tanto geográfica como culturalmente, no resulta difícil la interacción si se vence la barrera idiomática y si hay una historia que necesite esa integración. “Hice una coproducción en mi primera película, ‘Diário de um novo mundo’ y ahora estamos haciendo otra para ‘A oeste do fim do mundo’. Pero se hacen en función de tener una historia que necesite actores que hablen español. No escribo el guión pensando en la coproducción. Priorizo la historia y después busco viabilizarla”.

Para el director, la clave para viabilizar sus proyectos está en el trabajo en equipo: “Yo creo que el cine tiene mucho que ver con el equipo. Yo tengo mi equipo que me ayuda a realizar mis proyectos en las condiciones que consigo. Si se tiene dinero, bien, si se tiene poco, el equipo trabaja también. Tal es así, que mi equipo es el mismo en todas mis películas”.

Por su parte, Ricardo Zimmer expone otra experiencia. Agotado de la burocracia que se desprende de aplicar a leyes de incentivo, optó por tomar el camino independiente. “Creamos un proyecto llamado Cinema Independente do Brasil, y nos presentamos directamente al patrocinador. Buscamos la financiación de forma más concreta y real. Es mucho más rápido que quedar dependiendo de las leyes de incentivo, donde esperas los impuestos de las empresas y no todas son las que te pueden apoyar. Es inadmisible que una industria cinematográfica quede atrapada, presa del Estado. Si mis películas fueran hechas por las leyes, llevarían años para ser hechas. Por eso busco apoyo, financiamientos fuera de ese contexto burocrático”.

Zimmer, gaúcho de Santa María pero afincado en São Paulo, considera que más allá de los incentivos, una de las grandes dificultades de hacer cine en Río Grande Do Sul es que por una “cuestión geográfica, todos los técnicos y artistas en general están en el eje Río de Janeiro-São Paulo, y hay que traer a esos profesionales y se hace más caro”. Aún así, sigue apostando por hacer cine en el sur porque su “cultura tiene mucho que ver con las historias de Río Grande do Sul”, además de ser una forma de “desmitificar que solamente se produce cine en el eje Río de Janeiro-São Paulo”. Actualmente posproduce “Simplesmente Natasha” y rueda en Pelotas “A fronteira de sangue”, donde tiene una intervención y es asistente de dirección el popular Luciano Szafir.

La producción cinematográfica del estado está centrada principalmente en el cortometraje, y la formación en el área cinematográfica es algo reciente, de hecho, la mayoría de los profesionales actualmente en actividad estudiaron fuera, como Zimmer que lo hizo en Buenos Aires; o provienen de otras carreras, como comunicación social
en el caso de Nascimento o bellas artes en el de Azevedo.

Al igual que en buena parte del mundo, conseguir pantalla para el estreno de un film se ha tornado más dificultosa que la propia producción. “El espacio de distribución en Brasil, como en toda América Latina, está muy dominado por el cine americano. Aunque se tenga la cuota de pantalla, no consigues permanecer mucho tiempo en cartelera. Las películas pasan rápidamente. Tuve la suerte de que mi película funcionó súper bien en Porto Alegre, está en la décima cuarta semana en cartel”, explica Azevedo.

La clave para el éxito de “Antes que o mundo acabe” fue un trabajo de difusión minucioso y adecuadamente orientado. Al ser el film una adaptación de un libro infanto-juvenil que es muy utilizado en el ámbito educativo, se trabajó con las escuelas y se logró llenar las salas en horarios con poca afluencia de público, dando también el tiempo necesario para que los espectadores conozcan la película.

Dice Azevedo: “El exhibidor no está preocupado por mantener la película en cartelera, sino en ganar dinero. Entonces si no funciona en la primera semana, sale. Mi película es una prueba de que eso puede cambiar porque en la tercera semana tuvo más público que en la primera. Ese tiempo necesario para el boca a boca, es lo que el mercado no permite más”.

Nascimento admite haber tenido la suerte de contar con la distribuidora Espaço Filmes, “que es propietaria de más de ochenta salas en todo el país, y eso ha ayudado mucho a la difusión de las películas”.

Ante la dificultad de la exhibición, Azevedo piensa que es hora de cambiar la forma en que se concibe una película: “Hay que pensar el film como un producto multimedia, y la sala de cine es una de las ventanas que se tienen que utilizar para que la película sea conocida y el público sepa que existe. Después, el público va a ver el film donde quiere, algunos esperan al DVD, otros a que la pasen en la televisión…Ya no da para pensar al cine con una única plataforma. No se hace cine sólo para las salas. Se hace cine para todas las vías de exhibición”.
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