Juan Pablo Zaramella, un referente del stop motion que vuelve a ser finalista en los Premios Quirino
El argentino es uno de los cineastas clave de la animación iberoamericana y uno de los más destacados directores de stop motion, técnica a la que ha dedicado buena parte de su filmografía. Su más reciente corto, “Pasajero”, fue seleccionado en los dos festivales de animación más importantes de Europa: Annecy y Animafest, acaba de ser premiado en el Festival de Stuttgart, entró en la short list de la 95ª edición de los Oscar y es finalista como Mejor corto iberoamericano de animación en los Premios Quirino 2023.
Además, Zaramella tiene en desarrollo su primer largometraje, “Soy Nina”, que solo por llevar su sello es uno de los más esperados para quienes preferimos la vertiente autoral de la animación. Días antes de su llegada a Tenerife para la gala de los Quirino, el director conversó con LatAm cinema acerca de su más reciente creación, de la ópera prima que tiene en marcha y de los retos de dirigir animación.
Tengo la impresión de que, a menudo, en tu filmografía, la elección del material determina también ciertas cuestiones narrativas. ¿Fue así en “Pasajero”?
Sí, es importante. Es interesante porque me pasó, como nunca antes, que mucha gente pensó que sería una conexión más evidente. Me dicen ‘yo pensaba que se iba a justificar el uso del papel’. Como que si no lo ven conectado de una manera super directa, no lo ven. No los culpo. Fue un poco intencional, yo sabía que no lo estaba conectando directamente con eso, salvo algunos momentos donde el personaje se arruga o cuando se juega con los perfiles. Pero no es una conexión obvia. El corto está lleno de elementos simbólicos que no son obvios o directos. Es una película que está bastante conectada con los símbolos. En relación a otras películas previas mías, también, me gusta explorar distintas maneras de enfocar las cosas.
En este caso, a pesar de que lo parezca, no empleaste papel, según he leído.
No, es aluminio, el que se usa para los capuchones de los vinos. Fue una idea de Zumbástico, el estudio de Chile que hizo la serie “Puerto Papel”. Fue una excelente sugerencia por parte de ellos. La verdad es que me salvó la vida y me ahorró muchos dolores de cabeza en la producción de la animación.
¿El corto trata de indagar en los mecanismos del humor al situar un chiste como uno de los elementos centrales de la trama?
No exactamente, porque no terminamos de saber si él entiende realmente el chiste o pretende que lo entiende para encajar, ese es el tema de la película. El chiste es lo de menos.
“Pasajero” fue uno de los 15 cortometrajes preseleccionados para los Oscar, pero finalmente no fue nominado. ¿Qué importancia le das a esa cuestión o cómo lo relativizas?
Lloré durante cinco días (ríe). No, no, a ver, yo no tenía mucha expectativa. Es la segunda vez que llegó a la short list, la primera fue con “Luminaris”. Entonces sí tenía mucha expectativa, porque era un corto que iba muy bien, muy bien en los festivales. Era impresionante, ganábamos a veces tres premios por semana durante meses y meses y meses. Entonces teníamos una expectativa muy alta, para el equipo y para mí fue una sorpresa y una decepción el caso de “Luminaris”. En el caso de “Pasajero”, es una película un poco más hermética, entonces nada, si llegaba para mí era pura suerte, podía pasar, no era descabellado que llegara, de hecho, nos hubiéramos puesto muy contentos si pasaba, teníamos esa expectativa, pero cuando no pasó pensamos ‘bueno, pasó lo que pensábamos que iba a pasar con esta película’.
No le está yendo para nada mal a “Pasajero”, la verdad está en muchos festivales, gana algunos premios, pero no es “Luminaris”. Así que nada, no pasó nada. Hay muchos recorridos posibles para un corto. Obviamente que el Oscar te da una visibilidad enorme y está buenísima, pero no pasa nada. No tiene que ser un tema de preocupación no llegar a una nominación o no ganarse un Oscar. Hay que seguir adelante y hay que hacer las cosas…, por otra parte, tampoco está bueno pensar en eso, tenerlo como objetivo final. Es algo que discutimos mucho con otros directores, productores, que cuando uno hace de jurado en festivales, o ve mucho material de festivales, es muy feo para mí, un poco decepcionante, darme cuenta de que alguien está trabajando para el Oscar. Hay un determinado perfil de película que suele ganar un Oscar. La película emotiva, con emociones a flor de piel. Con determinados lugares comunes, de sensibilidad social. No está mal para nada hacer cortos sensibles o ser socialmente sensible, obviamente, pero a veces es muy obvio que se está tratando de manipular, y uno sospecha fuertemente que se está tratando de manipular con la intención de lograr ese lugarcito en los Oscar. Y no está bueno, nunca quisiera que me pasara eso en mis películas, yo quisiera seguir trabajando con un objetivo ante todo narrativo y artístico. Que la búsqueda pase por otro lado. Si el Oscar llega, bienvenido sea, todos queremos una nominación y a todos nos encantaría tener un Oscar en la mano y decir ‘sí, lo conseguí’, pero bueno, es algo secundario.
Cuando uno hace un corto, tiene uno o dos sets en paralelo y tiene toda la atención puesta en esos sets. En un largo se están haciendo diez cosas en paralelo, así que hay que tener la atención dividida en diez.
¿Cuál es la mayor satisfacción que te ha traído “Pasajero”?
Un poco todo esto que está pasando. El corto está funcionando mejor de lo que pensaba originalmente. No es que esperara que le fuera mal, sabía que iba a tener un recorrido, pero la verdad que haber llegado al short list resultó en una difusión muy importante para la película, ahora esto de los Premios Quirino, en su momento el estreno en Zagreb, y el cierre en el Festival de Annecy del año pasado, el corto se proyectó en la ceremonia de cierre, que también estuvo buenísimo, fue como un spotlight para la película que también fue muy importante.
¿En qué estadio de desarrollo se encuentra “Soy Nina”?
Hemos terminado de hacer el último cuadro del storyboard, porque estuvimos dibujando junto a otro dibujante, Agustín Graham Nakamura. Son como 400 páginas de storyboard, a seis cuadros por página, en fin, bueno, saquen la cuenta. Muchísimos muchísimos dibujos, y la verdad que se ve linda la película. Cada tanto encuentro algo y digo ‘mmm, esto se podría mejorar’. Bueno, lo clásico, para eso sirve el storyboard, se cambian algunos cuadritos de lugares, uno va editando. Y bueno, ahora encuadrando el animatic, en breve ya, estamos empezado con el animatic, así que la película avanza, despacio pero firme, con mucha mucha firmeza. Estoy muy contento con el proyecto. A veces siento un poco de vértigo porque es enorme, es un proyecto muy grande. Digo muy grande en cuanto a mucho despliegue de personajes, escenografía. Originalmente no pensé que me iba a meter en…, con las primeras ideas pensé que iba a ser algo un poco más controlado, y la verdad es que se agrandó un poquito, pero está claro, narrativamente está claro y es lo que me importa, como que las intenciones del proyecto son bien concretas.
¿Podrías aventurar alguna fecha de inicio de producción?
Es que recién estamos empezando a hacer el primer presupuesto serio de la película, ahora que tenemos el storyboard. De hecho, en un par de días tenemos reunión con Zumbástico, mis coproductores con “Soy Nina”. Así que bueno, nada, una vez que tengamos ese presupuesto podremos empezar a retomar conversaciones con los otros posibles coproductores porque sabemos que no va a ser suficiente entre la fuerza que podamos poner Zumbástico y mi estudio, vamos a necesitar un apoyo más, posiblemente de Europa, quizás España, quizás Francia, quizás Portugal, no lo sé, tenemos varias posibilidades que estamos barajando y esperamos que se concreten en breve. Ya con ese presupuesto y el storyboard podemos empezar a discutir más seriamente como empezar a encarar la producción.
¿Ahora que afrontas un proyecto de largometraje, cuál crees que es el gran reto de dirigir animación?
El gran reto es producirla, conseguir el altísimo presupuesto necesario. Bueno, estamos hablando de dirigir, no de producir. Estoy pensando en términos del largo que estoy encarando. Cuando uno hace un corto, tiene uno o dos sets en paralelo y tiene toda la atención puesta en esos sets. En un largo se están haciendo diez cosas en paralelo, así que hay que tener la atención dividida en diez, de modo que hay que tener la película muy clara en la mente para que no se pierdan los objetivos de cada una de esas partes. Es muy difícil mantener ese rumbo claro. Es algo que me imagino, que me estoy preguntando todos estos días mientras trabajo en el presupuesto y en el storyboard de la película, ‘¿cómo voy a hacer cuando llegue el momento de encarar esta situación’?
Con los cortos es algo que se me da de manera bastante natural, con el largo bueno, me preocupo un poco. Lo más parecido a esto que hice fue la serie “El hombre más pequeño del mundo”, que teníamos a veces hasta cuatro, cinco sets en paralelo, pero eran episodios muy cortos y con objetivos muy puntuales y concretos. Era muy fácil conectar con cada uno de los episodios cada vez que chequeaba uno de los sets. Ahora, en una película, con momento dramáticos y narrativas mucho más sutiles de lo que fue la serie, que era hacer funcionar un gag, eso era todo.