• Pituka Ortega, presidenta de la Fundación IFF Panamá

Pituka Ortega, presidenta de la Fundación IFF Panamá

Entre el 3 y el 6 de abril se celebra una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Panamá (IFF Panamá), que desde hace 12 años viene celebrando el cine de autor de Centroamérica y el Caribe, además de dedicar un espacio a la producción reciente latinoamericana e internacional. 

En esta edición, la programación presenta seis largometrajes nacionales, incluyendo el film de apertura, “Querido Trópico",  el debut en ficción de Ana Endara, estrenado en Toronto y San Sebastián. Los demás títulos panameños son el documental “Hijo de tigre y mula” de Annie Canavaggio sobre la recuperación del canal tras casi un siglo en manos de Estados Unidos; la película de animación “El Brujo: Julio Zachrisson”, primer film de Félix Guardia, el documental “Luminoso Espacio Salvaje” de Mauro Colombo, y dos ficciones que además son óperas primas: “Espina” de Daniel Poler y “Chance” de Abner Benaim.

Por su parte, las películas centroamericanas son la costarricense “Delirio” de Alexandra Latishev, las puertorriqueñas “Golpe de agua” de Carla Cavina y “Érase una vez en el Caribe” de Ray Figueroa, y  la guatemalteca “Rita” de Jayro Bustamante. Completan la programación cuatro obras dominicanas: “Pepe” de Nelson Carlos de los Santos Arias, “Ramona” de Victoria Linares Villegas, “Sugar Island” de Johanné Gómez y “Olivia y las nubes” de Tomás Pichardo Espaillat. 

En estos 12 años, el festival ha impulsado el cine de la región no solo a través de la exhibición, sino también, y especialmente, mediante actividades profesionales. Entre las iniciativas destacadas, se incluyen el Foro de coproducción IFF Panamá Film Match y los fondos Primera Mirada y Su Mirada, que otorgan apoyos económicos a largometrajes en etapa de postproducción. 

La cineasta Pituka Ortega Heilbron fue la directora del evento hasta 2023, cuando fue nombrada presidenta de la Fundación IFF Panamá. LatAm cinema conversó con ella a pocos días del inicio de la decimoetercera edición del certamen.  

¿Qué destacarías de esta nueva edición del festival?

La idea es fortalecer lo que hemos venido haciendo. Desde los inicios hemos buscado diferentes maneras de brindar a la región de Centroamérica y el Caribe un espacio donde el cine de nuestros países pueda desarrollarse, entendimos la responsabilidad en ese sentido. Panamá es un país que, por su propia composición, surge para unir, para marcar caminos geológicos, naturales, orgánicos, humanos. El festival siente y refleja que tiene esa misión también, es un lugar natural para contribuir al desarrollo de la industria de nuestra región. Todos nuestros países son de poblaciones pequeñas, con mercados aun más pequeños, tenemos que bregar con el maravilloso cine mexicano y sudamericano, pero hay un grupo de cineastas de que está haciendo cosas importantes que se pueden medir con cualquier otro cine de cualquier lugar, en Panamá, en Costa Rica, en Guatemala, en Nicaragua…  

Desde el festival se han implementado otras iniciativas de producción como los fondos Primera Mirada y Su Mirada. ¿Qué balance haces de estos programas? 

Los programas han sido sumamente exitosos. Primera Mirada lo trabajamos Diana Sánchez y yo muy al principio y, teniendo la experiencia que ella tenía, tuvo una visión muy clara. La gente preguntaba por qué no abrir el fondo a toda Latinoamérica. Y Diana decía que no porque el cine de Centroamérica y el Caribe estaba descollando. Entonces, me acerqué al Banco Interamericano de Desarrollo e inmediatamente vieron el potencial. 

Después de unos tres o cuatro años se nos ocurrió hacer un fondo de mujeres, porque en América Latina no hay. El único fondo de mujeres que encontré, y no sé si todavía existe, es en México para mujeres indígenas de ciertas regiones. Y lo que yo quisiera para Su Mirada, que tiene unas características muy particulares, es que generemos más fondos, siempre con Centroamérica y el Caribe como la estrella del fondo, pero que también podamos lograr fondos para las cineastas del resto de América Latina. Una de las cosas que también estamos tratando de lograr es crear nuestra propia sala, en realidad ya la tenemos, pero tenemos que montarla y queremos hacerlo bien. No queremos poner equipo de tercera que se nos esté dañando a los a los seis meses.

Uno de los proyectos de la Fundación es el Canal IFF en Copa Airlines. ¿Qué balance hacen? 

No fue fácil crearlo, por aspectos técnicos, por los temas de las distribuidoras que ya le vendían al canal… Requirió de una negociación de casi dos años, pero ha sido un éxito y ha generado una mayor identificación con el público de todos los continentes. Competimos con las películas de Hollywood y aunque no tendremos tantas ni tampoco la mayor visibilidad, la gente sí ve nuestro cine. La última vez que nos compartieron esos datos, el año pasado, más de medio millón de personas habían visto nuestras películas, me atrevería a decir que ya son unas 600 mil. Sacar esa información no es fácil, porque implica que la aerolínea tenga que sacar tiempo para ponerse a revisar. Los dos primeros años lo logramos , pero después era demasiado cargado para Copa y aparentemente hubo un cambio de software que afectó al acceso de esa información. Es una tarea que vamos a hacer ahora que termine el festival, porque es importante ver cuánta gente está viendo nuestro canal y cómo se está respondiendo. 

¿Cómo trabajan con las películas en el Canal IFF? 

Usualmente programamos las películas que han aparecido en el festival. Muy pocas veces ocurre que, por temas de tiempos de fechas, una película se nos escapa o no entra al festival, pero luego sí al canal. Lo que logramos fue un acuerdo basado en buena fe. O sea, la Fundación escasamente cubre sus gastos operativos con este trabajo, no es un negocio. Es un compromiso con nuestros cineastas, tanto de Centroamérica y el Caribe, como de todos los países de habla hispana donde vuela Copa. Logramos generar la confianza por parte de los distribuidores con los que hemos venido trabajando para que no nos hicieran las cosas difíciles, porque piensan que Copa paga, y sí paga, pero de la única manera que ese canal existe es si podemos negociar un mejor precio que las películas de Hollywood. Pero para la Fundación no es un negocio, se cubren los gastos mínimos de lo que requieren esta negociación y estos acuerdos. 

“Panamá es un país que, por su propia composición, surge para unir, para marcar caminos geológicos, naturales, orgánicos, humanos. El festival siente y refleja que tiene esa misión también, es un lugar natural para contribuir al desarrollo de la industria de nuestra región y del Caribe”.

En estos doce años cambió la industria por completo. ¿Qué papel crees que juegan hoy los festivales?

El tema es cómo logramos que la gente más joven vaya al cine. Ahora mismo, el equipo del festival es un grupo joven que está buscando la manera de entusiasmar a la juventud. También los festivales siguen haciendo que una persona pueda ver una película en una sala de cine y tener esa experiencia, y entender la diferencia entre verla en una sala y en una plataforma. Porque el sueño del director o la directora es que se vea en un cine. Obviamente los festivales no pueden ignorar lo que está ocurriendo con las plataformas y lo que las plataformas hicieron por la industria durante los tiempos de COVID, ¿no? Que yo tuve que bajar la cabeza y decir "gracias plataformas", porque nuestro festival durante la pandemia fue online. No creo que las salas de cine vayan a morir nunca, pero creo que habrá menos. 

¿Qué balance haces de estos doce años de festival?

Pienso que nos convertimos en un espacio donde se ve muy buen cine y en un hogar donde nutrimos una cinematografía regional. Panamá nunca fue considerado como centroamericano debido al Canal y para nosotros era importante que nuestros hermanos de Centroamérica y el Caribe supieran que aquí estábamos para ellos. Porque no es que nosotros tuviéramos una industria de 100 películas al año. La idea era retroalimentarnos entre todos, siendo ésta una sede. Y creo que sí hemos logrado eso, porque los cineastas centroamericanos y del Caribe aman el festival. Fue un festival que comenzó con muchísimo apoyo económico por parte del estado panameño y eso nos permitió darnos a conocer a nivel internacional, permitió también poder ofrecerle a los realizadores de nuestra región una exposición mediática incomparable. La pandemia nos afectó muchísimo, Panamá quedó muy golpeada y todavía cuesta que la empresa privada entienda lo que significa el festival y el cine nacional. Ahora, lo que estamos buscando es la manera de fortalecer lo que sentimos que es nuestra misión. Por ejemplo este año tenemos el Taller de 3 Puertos, eso es enorme, considero que Carla ha sido muy hábil en sacar lo mejor posible dentro de las limitaciones que hemos tenido desde la la pandemia.

¿Cuáles consideras que son los principales desafíos en la gestión de un festival? 

Depende de en qué momento y en qué país esté el festival. Sacar un festival adelante en un país que viene prácticamente de la nada, donde no hay una industria, donde no hay nadie haciendo cosas, es difícil. En nuestro caso, teníamos a Diana, que tiene una reputación, y sí tuvimos buen apoyo económico al principio. Pero aun así sufríamos todos los años para que el estado diera los fondos, pensábamos que no los iban a dar y era nuestro mayor patrocinador. El IFF Panamá entró con mucha fuerza por todo lo que se estaba dando en ese momento, la ley de cine… Muchas cosas estaban ocurriendo orgánicamente. 

También pienso en la credibilidad, ésta es una industria sumamente exigente, y tienes que generar una confianza, tienen que saber que la organización es seria, que va a manejar el material con todos los requisitos y toda la confidencialidad que exigen. Eso lo logramos, pero los primeros años era difícil obtener películas de alto nivel.

¿Y hoy? ¿Hay nuevos desafíos? 

Creo que el desafío más grande que tenemos ahora es el económico. También creo que llevar nuestro mensaje hacia adelante, que el cine es mucho más que entretenimiento, que es una herramienta de cambio, eso ha sido un reto para nosotros. Y no es porque no lo comuniquemos, estamos hablando de este tema todo el tiempo, es qué tan amplio llega el mensaje, qué tan amplio puedes hacerle llegar a una población, a una empresa privada, al estado, cómo el cine puede beneficiar tu propia gestión. 

¿En qué momento dirías que está hoy el cine panameño? 

Creo que está en un momento muy positivo y esto ocurrió antes de lo que yo pensé que iba a ocurrir. Hace cuatro años, cinco años yo dije que en diez años este cine iba a estar por muy buen camino y en condiciones de mostrar lo que realmente somos, que no es necesariamente hablar de Panamá, sino del espíritu de ser un panameño. Y se está empezando a mostrar. Por ejemplo, “Querido Trópico” es una película que se filmó en Panamá, pero puede haber pasado en cualquier lugar. Y esa es una característica de Panamá, nosotros tenemos una identidad absolutamente global, que ni siquiera sabemos que la tenemos, está en nuestro ADN. Y si creativamente podemos hablar de un cine que tenga un lenguaje universal y abrazador, creo que vamos a poder lograr grandes cosas con nuestro cine. Pienso en películas como la de Ana Endara o Ana Elena Tejeda, un cine muy particular que viene de Centroamérica, y pienso que está en el principio de un camino sumamente positivo que va a durar mucho tiempo.